Por Débora Blanca*
Quiero escuchar a las mujeres, necesito escucharlas. Quiero escuchar a las mujeres de Estados Unidos, país gobernado por un patito feo que, evidentemente, no tuvo una mamá amorosa. Quiero escucharlas a ellas ¿qué piensan? Quiero escuchar a las mujeres de Israel; necesito ver a las mujeres de Palestina, de Irán, del Líbano, de Siria, de Jordania. Quiero verlas y escucharlas ¿Qué piensan de quienes gobiernan y matan personas como si estuvieran jugando al TEG?
Quiero escuchar y ver a las mujeres de España, Italia, Francia, de Reino Unido. Necesito ver y escuchar a las mujeres de México, Venezuela, Dinamarca, Marruecos, Brasil, Bolivia, Portugal, Grecia ¿Qué piensan de una humanidad que en el siglo XXI se sigue matando como lo hacía en el siglo XIII?
Quiero escuchar a las mujeres de los hombres que en la Argentina se quedan y se han quedado sin trabajo. A sus esposas, novias, hijas, madres, hermanas. Y a ellas mismas que también se han quedado y se quedan sin trabajo. Porque son miles, miles y miles, y el leoncito insultador y exaltado que nos gobierna parece que tampoco tuvo una mamá que lo acarició y le contó cuentos antes de dormir.
Quiero escuchar a las mujeres silenciosas, y silenciadas. Es una bocanada de oxígeno escuchar y ver a las mujeres que se reúnen y luchan por sus hijos, nietos, hermanos discapacitados; a las cuidadoras, las enfermeras, las terapeutas que ponen el cuerpo frente al desamparo y vaciamiento de instituciones imprescindibles.
“Quiero ver a las mujeres…”
Quiero ver a las mujeres de los hombres que son narcos, jueces, políticos cínicos, policías represores de jubilados. Quiero verlas y escucharlas. Porque las mujeres tenemos que seguir denunciando lo que está mal. Lo que trae violencia, impotencia, desesperanza, tristeza y pérdida del sentido de la vida en el mundo.
Porque las mujeres sabemos cuidar con ternura. Pero también con coraje. Sabemos escuchar. Pero también decir palabras imprescindibles, esas que dejan huella. Porque las mujeres parimos hijos, proyectos, ideas, risas, lazos, canciones, trabajos, silencios en los momentos necesarios. Porque las mujeres sabemos sorprender.
Tenemos la habilidad de pasar de un plumazo de lo superficial a lo profundo, de las lágrimas a la carcajada. De la carcajada a las lágrimas. Porque somos enigma, sostén, paciencia, susurro, límite que dice «¡NO!». Y no es no. Quiero escuchar a las mujeres y verlas. Necesito escucharnos y vernos porque el mundo es un desastre y nos sigue llamando.
Si quieren ya podemos ir quedando en un día para reunirnos todas: el 24 de Marzo en las plazas de la Argentina. Ahí nos encontramos para acompañar a las Mujeres que son bandera de todo, absolutamente todo lo que está bien. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Nos vemos y escuchamos el 24, y todos los días y en lugares que nos requieran.










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