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Taty pasa a la memoria histórica de nuestra patria

Taty Almeida (1930/2026)

Taty Almeida (1930/2026) (Foto ATE)

Por Juan José Prado*

En mi existencia como militante de derechos humanos en la lucha por la recuperación de la democracia, en ese tránsito que la historia ha marcado como bisagra, a partir del 10 de diciembre de 1983, con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos me tocó en suerte conocer y valorar a Taty Almeida.

Ella formó parte de quienes, tras el dolor de un ser desaparecido, rectificando conductas pasadas de indiferencia o desinterés, se constituyeron en referentes impolutos en favor de la vida. Así fue que me puse en contacto y apreciara la personalidad de la mujer que hoy nos ha dejado.  La docente Lidia Stella Mercedes Miy Uranga.

La política no estuvo ausente en su seno familiar, habida cuenta que era sobrina del que fuera Gobernador de Entre Ríos, Raúl Uranga (1906/1976), durante la gestión de Arturo Frondizi (1908/1995). En un encuentro en la Facultad de Ciencias Sociales, el compañero y amigo (Carlos) Eroles me presentó a Taty Almeida.

“Taty descubrió el sentido de vida asumido por su hijo”

En esos momentos se iniciaba como vocera de la defensa de la verdad y la justicia.  Me decía en el encuentro cómo la habían golpeado la vida, el dolor, la experiencia vivida con la desaparición de su hijo, en manos de grupos represivos, previo a la sonada del 24 de marzo del 76, por ser militante del ERP.

De familia de militares, la búsqueda y reclamo por la aparición de su hijo le demostraron que, para los que vestían uniforme, la “libertad” tenía un sentido antidemocrático.  Para los que no opinaban como ellos ni justicia, solo tortura y muerte.  Como madre, Taty descubrió el sentido de vida asumido por su hijo en la lucha por las reivindicaciones sociales.

Se identificó con su hijo, pero elaboró el duelo y supo transformar ese dolor en fuerza para la lucha colectiva. Entonces se une a madres de Plaza de Mayo. A esa legión de mujeres que reclamó y reclama por los 30.000 desaparecidos. Apasionada, sencilla, con la empatía de una docente, escuché de Taty el dolor de otra madre en búsqueda de respuestas.

“No se detuvo nunca”

En búsqueda del hijo silenciado por la barbarie. Sumó al reclamo de la búsqueda, el de denunciar la injusticia social donde la interpelaba. Taty demostró ser una férrea luchadora. No se detuvo nunca. En silla de ruedas defendió la lucha de las personas con discapacidad, por la libertad de los presos políticos, contra los fallos proscriptivos.

Defendió el derecho a elegir y ser elegido. Reclamó por la libertad de la ex presidenta Cristina Kirchner. Reclamó por los médicos del Hospital Garrahan. Por el financiamiento universitario; por los trabajadores despedidos y excluidos por el modelo económico que sufrimos; por los jubilados. Reclamaba por la justicia social y por la paz en el mundo entero

Pertenece a la generación que nos enseñó la importancia del conocimiento de los derechos humanos. Taty Almeida pasa a formar parte de la sumatoria de ausencias recientes, difíciles de sustituir. Pasa a formar parte de la memoria histórica de nuestra patria. Nos toca a nosotros despedirla, con dolor, y mantener el compromiso. No será olvidada.

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.

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