Opinión, Por Víctor Bruzzoni, Salud, Situación Social

 Caso Propofest: robo de medicamentos y la confianza profesional cotidiana

(Foto ilustrativa)

Un caso que interpela a los profesionales sanitarios (Foto ilustrativa)

 Por Víctor Bruzzoni*
Redactor especial

Las muertes de dos anestesistas, supuestamente, por sobredosis de estupefacientes, destapó una compleja trama de excesos y una fuerte crisis de adicciones en el ámbito sanitario. El fácil acceso a fármacos, y el estrés crónico, sitúan a los médicos en una posición de extrema vulnerabilidad (aunque ello no justifique el actuar antiético)

Historias sórdidas de las que apenas se habla, protegidas por la vergüenza y la probable la pérdida de la matrícula profesional. El fenómeno, oculto bajo el prejuicio y el miedo, puede comprometer seriamente la seguridad de un paciente. El sistema evidentemente falla. Y no se advierte aplicación de políticas de salud mental concretas.

No hay políticas que cuiden a quien están al servicio de la comunidad con el consiguiente riesgo de su capacidad cognitiva; vigilen y controlen. No olvidemos que se trata de la salud, de intervenciones complejas que pueden llevar al extremo de errores fatales. Las pruebas de que esto puede ocurrir las hemos tenido.

 El caso policial comenzó el 20 de febrero último, cuando encuentran, en su departamento de Palermo, muerto al doctor, Alejandro Zalazar (exresidente del Hospital Rivadavia. Y anestesista del Gutiérrez). Lo esperaban para una intervención quirúrgica en la Fundación Favaloro y nunca llegó. Al no presentarse, la familia decidió llamar al 911.

“La causa quedó a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento”

Se investiga si la causa del fallecimiento fue por sobredosis de propofol y fentanilo, dos fármacos potentes de intenso uso hospitalario.  Las investigaciones llevaron a corroborar el faltante de los anestésicos. Se advirtió la falta en el Hospital Italiano de Buenos Aires. La entidad hizo la denuncia el día 23 de febrero.

Se abrió, además, un expediente administrativo paralelo, en el que se investiga el acceso irregular, sustracciones y consumo de anestésicos. También se investiga la participación de un destacado anestesista que había renunciado. El hecho de situar fármacos del Hospital Italiano, fuera de ese establecimiento, puso la lupa sobre el problema de la falta de control de esas sustancias. La causa quedó a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento.

Seis semanas después, encontraron también muerto, en su departamento de Palermo, al enfermero Eduardo Bentancourt, oriundo y diplomado de Gualeguaychú, Entre Ríos. Tenía un mes de residencia en la ciudad de Buenos Aires. En el departamento hallaron 112 ampollas de varias drogas de sedación y analgesia (disminución del dolor).

Una amiga de Bentancourt, identificada como Daniela Fernández, lo despidió a través de su cuenta de Instagram. “No tengo las palabras suficientes cuando la vida te sorprende con una despedida tan inesperada. Todo queda en silencio, en incredulidad, en un dolor que cuesta entender”, escribió.

El propofol y el remifentanilo, son fármacos intravenosos que se usan en diferentes prácticas médicas como anestésicos. La combinación se utiliza, por ejemplo, en procedimientos como colonoscopia o endoscopia digestiva alta. También en punciones y en bloqueos. La aplicación de los fármacos lleva el nombre de infusión.

“Sin duda, el caso destapa una trama desconocida por el común
de la gente que se entrega a un profesional.”

Corren dos versiones sobre el uso indebido por parte de los profesionales. La primera, habla de la venta de “una experiencia” de “viajes controlados”. Es decir que por una suma de dinero se suministra una cantidad determinada de fármacos, que permiten a los “clientes” entrar en un estado de relajación extrema. El “servicio” también incluye un “controlador”.

La segunda, habla de “fiestas sexuales” organizadas por el anestesista del Italiano, con conocidos del médico, al tanto de su procedimiento recreativo. Cuentan algunos facultativos que incluso había un chat de WhatsApp denominado “Fiesta del propofol” o “Propofest”, mediante el que se convocaba a las “reuniones”.

Sin duda, el caso destapa una trama desconocida por el común de la gente que se entrega a un profesional. La confianza es un componente inherente a la relación de cualquier profesional con su cliente, lo mismo entre el médico y su paciente. Se han examinado en la literatura los factores que influyen en esa relación y las consecuencias que pueden tener para la salud del convaleciente.

Apenas se ha reflexionado sobre el propósito de educar a los profesionales sanitarios para que se comprometan como constructores activos de este valor. Esto es fundamental, si se hace hincapié en una anamnesis (entrevista de diagnóstico) y una exploración física más exhaustivas, en procedimientos diagnósticos consentidos y en que el paciente confíe en las decisiones terapéuticas sugeridas y elaboradas por un profesional responsable.

*Abogado. Ex juez del fuero laboral

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