Por Juan José Prado*
En todos los tiempos que se recuerden, la presencia de quienes empuñan esa herramienta de la paz, la ley, las y los abogados, constituye la esperanza y la utopía del hombre individual y colectivamente. La historia demuestra que el defensor de lo más preciado de los dioses -diría el quijote «…la libertad…»- siempre lo hizo contra molinos de viento.
También demuestra que cual Espartaco, en su lucha por lo más elemental de la vida humana, contra la esclavitud y el hambre, corre en más de las veces el triste destino de sucumbir en su lucha. Pero esto no es en vano, habida cuenta de que siempre permite rescatar el ideario principista del respeto a la dignidad humana. .
Perdura en el abogado ser respetuoso del otro, en el marco del orden y paz dictado por la ley. Todo dentro de ese instituto consensuado por toda la sociedad. Inspirado también en la fe, en su lucha por la justicia social, la equidad y la tolerancia, el abogado, ante la injusticia, tiene presente que morir en la cruz está entre lo que puede depararle el destino.
“Abogar es reparar la injusticia, el desorden,
la violencia, el desamparo (…)”
Comprometido con el respeto del Estado, que constituye, reitero como tantas veces, herramienta de paz social, reclama el debido proceso y la sanción merecida contra quienes no la respetan. Siempre en paz. La violencia nunca se propicia en un Estado de derecho respetuoso de su carta magna,
Abogar es reparar la injusticia, el desorden, la violencia, el desamparo, el hambre de los niños, el derecho al trabajo digno, y a la vejez contenida por un Estado presente. Hoy es el Día del Abogado. Deseo que las usinas de formación profesional rescaten, a través de su enseñanza, al hombre y a la mujer con sensibilidad social, primero.
Luego, en este orden preciso, deseo también que rescaten al hombre y a la mujer con capacidad científica. Y que no tengan reparo en mejorar la vida social, política y económica, con la herramienta de la ley. Para esos abogados y abogadas, que no son mayoría, mis felicitaciones esperanzadas en la mirada y el pensamiento puestos en la utopía de vivir en un mundo con justicia y equidad, donde prime la ley.












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