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Femicidios: situación crítica en la Argentina

El negacionismo o la ausencia estatal es cómplice de los femicidios

El negacionismo o la ausencia estatal es cómplice de los femicidios

Por Víctor Bruzzoni*
Redactor especial

Otra vez los femicidios en el tapete. Tres femicidios en tres días. Interpretarlos, en su complejidad, es una tarea que la antropóloga mexicana Julia Monarrez, define como “la hermenéutica social del sufrimiento”, que pone de relieve “las formas en que las fuerzas sociales más amplias se unen para arruinar las vidas humanas individuales”.

Los casos

-Mar de Plata, BsAs: Por preocupación de familiares, a Mailén Antonich la encontraron detrás de una casilla donde dormían unos serenos. La joven buscaba, afanosamente, trabajo por Facebook. Dejó dos niñas. Allí estaba desnuda, envuelta en una frazada y con manos y pies atados con cables. Hay dos detenidos. La autopsia confirmó que la víctima murió de una puñalada en el cuello, que le provocó una hemorragia fatal.  Además, se detectaron heridas defensivas y signos de abuso sexual.

 -Pilar, BsAs: Noemí Milagros Cabrera, 30 años. Desapareció cuando se dirigía al trabajo. La hallaron asesinada en la Ruta 25 (provincial) y Rawson, a metros de una parada de colectivos. El detenido es un ex agente penitenciario, con baja psiquiátrica. Lo apresaron en su domicilio efectivos de la SubDDI de Pilar; e incautaron prendas vinculadas al hecho, un celular con funda transparente y un billete de $50 en su interior. Cabrera fue reconocida por su expareja.

Cámaras de seguridad registraron movimientos del detenido, la noche de la desaparición. Y tenía rasguños en el cuello y nuca, al momento del allanamiento. Los investigadores creen que esas magulladuras las provocó la víctima al intentar defenderse.

-Rosario: Débora Giuliana Bordón, de 30 años, fue hallada en un departamento. Tenía una puñalada en el cuello. Vecinos del edificio habían denunciado una fuerte discusión entre la mujer y su pareja. Después de un seguimiento con cámaras de videovigilancia, y el uso del sistema “Lince”, el presunto agresor fue detenido.

Actuó la brigada de femicidios de la Agencia de Investigación sobre Trata de Personas y Violencia de Género de la Policía de Investigaciones, en una estación de servicio de Sarmiento y Pellegrini. Interviene la fiscal Anabel Cerutti, de la unidad de Violencias Altamente Lesivas, del Ministerio Público de la Acusación.

1 femicidio cada 35 horas

De acuerdo con los datos relevados con motivo del 11° aniversario, desde que se gestó el movimiento “Ni Una Menos”, un femicidio se comete cada 35 horas. Incluso, destacaron que el 60% de estos asesinatos, fueron cometidos por la pareja, ex pareja o un familiar de la víctima, es decir, dentro de su entorno de conocidos.

El concepto de femicidio que utiliza el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, para contabilizar los casos en el país, proviene del definido por la Organización de los Estados Americanos (OEA): “Femicidio es la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal; en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión”.

“(…) Nace para poner luz a los asesinatos sistemáticos de mujeres por razones de género” y para “poner en palabras un fenómeno que existe en la realidad, reconocer que se produce de manera sistemática, para hacer algo frente a esto porque no podemos seguir permitiendo que pase”, dijo Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM).

Ese organismo fue creado por Resolución PGN N°1960/15, a fin de seleccionar y desplegar estrategias de investigación sobre los fenómenos criminales atravesados por las diferentes clases de violencia contra las mujeres y, al mismo tiempo, trabajar sobre los modos en que sus distintas manifestaciones afectan a otros grupos en situación de vulnerabilidad por razón de su orientación sexual e identidad de género.

En la Argentina

En la Argentina, se incorporó la figura jurídica al Código Penal, en diciembre 2012, por Ley 26.791. Reformó el artículo 80 del Código Penal, para criminalizar de modo agravado ciertos homicidios, especialmente, relacionados con la violencia de género.

Dicha norma, amplió la figura del homicidio calificado por el vínculo: la redacción anterior solo incluía a parejas casadas. La versión actual comprende todo tipo de vínculos de pareja, vigentes o concluidos, haya mediado o no convivencia.

Por su inciso 11, se estableció pena de prisión perpetua para el homicidio, contra una mujer,  por un hombre y mediante violencia de género. Y por el 12, se incorporó el “femicidio vinculado”, es decir, cuando el homicidio se comete con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación”.

El elemento que caracteriza al femicidio, es la tolerancia social y minimización de la problemática. La impunidad de los homicidas contiene un mensaje implícito de permisividad social a través de múltiples formas. Una es la manera laxa en la que actúa el aparato del Estado. Y los discursos violentos o negacionistas explícitos de las más altas autoridades. Inaplicabilidad de atenuantes: se prohíbe reducir la pena por «circunstancias extraordinarias de atenuación» si el agresor tiene antecedentes de violencia de género contra la víctima.

Mujeres de la matría

Según el informe de Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana (sitio web: click) -movimiento social, político y feminista de la Argentina, alineado con corrientes del feminismo popular- en la mayoría de los casos de femicidio, existió un vínculo previo.

Dentro de ese espectro, el 32% de los femicidas se fugron tras el crimen, y de ese porcentaje, el 18% todavía no logró ser localizado por autoridades. Además, apuntaron que el 16% de los femicidas se suicidó y otro 9% intentó hacerlo sin éxito.

Al mismo tiempo, se dio a conocer que el 10% tenía antecedentes penales, y pusieron de relieve que el 6% pertenecía a una fuerza de seguridad. Asimismo, el 5% de los agresores asesinó a una tercera persona durante el femicidio.

Respecto al perfil de las víctimas, se observó una edad promedio de 39 años. Por otro lado, entre las víctimas, también se observó a 10 que eran adultas mayores de 60 años. Y 10 que eran niñas o adolescentes menores de 18. No existe una única forma de femicidio, sino tipos y clasificaciones según cómo se dieron los hechos.

Femicidio íntimo es el cometido por una pareja, expareja o persona con quien la víctima tuvo un vínculo amoroso/afectivo. El Femicidio no íntimo es el cometido por desconocidos o agresores sin relación sentimental (ej. agresiones sexuales seguidas de muerte de un tercero). Femicidio vinculado o por conexión es asesinato de personas (hijos, familiares o allegados) perpetrado por el agresor para castigar o destruir psicológicamente a la mujer.

Luego están los denominados “femicidios territoriales”. Se trata de femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de impunidad territorializada, con participación de agentes estatales o no.

Sus concecuencias

Sumamos la referencia al territorio, porque permite también enfocar los factores que los producen. Por ejemplo, los narco-femicidios se originan en territorios concretos donde la actividad delictiva cuenta con impunidad. En esos casos, entonces se mezcla la violencia de género con el poder mafioso.

El femicidio (o feminicidio, cuando al asesinato de género se adiciona la inacción, negligencia o complicidad del Estado como en la última dictadura de la Argentina; o el negacionismo del actual gobierno), entonces, es la forma más extrema de violencia de género. Se trata de un crimen estructural, arraigado en desigualdades históricas de poder, machismo y patrones culturales de dominación.

Las consecuencias van mucho más allá de la pérdida irremplazable de una vida; generan impacto devastador en múltiples niveles. Pruebas al canto: primero, se produce lentamente, que niños y adolescentes entren en estado de orfandad. Las hijas e hijos de víctimas quedan desamparados y traumatizados. A menudo, además, tras haber presenciado situaciones de violencia o el mismo crimen. En muchos casos, el agresor es su propio padre o padrastro. Existen caso, en el que hijos denuncian a su padre agresor.

Segundo: el rol de los familiares más próximos, abuelos, tíos u otros familiares. En en la mayoría de los casos, estos deben hacerse cargo del cuidado y la crianza de los menores, enfrentando una repentina reorganización familiar en medio del duelo. Tercero, el impacto emocional y psicológico produce estrés postraumático, ansiedad y depresión. Los familiares cercanos, suelen desarrollar trastornos de salud mental.

A eso se adiciona el duelo complejo o bloqueado. Además, el sentimiento de culpa e indefensión es frecuente en allegados, que experimentan culpa por «no haberlo evitado», o miedo constante por la inseguridad del resto de la familia. Y da para mucho más.

Protocolos

 Respecto a los protocolos de investigación penal, el estándar internacional y los protocolos judiciales (como los desarrollados por la UFEM (Unidad fiscal especializada contra las mujeres, ley 27148), en la Argentina o el Modelo Latinoamericano de la ONU, exigen aplicar protocolos afines sobre hipótesis de crímenes, pruebas y demás.

Hipótesis inicial: toda muerte violenta de una mujer (incluso las clasificadas inicialmente como suicidio o accidente) debe investigarse desde la escena del crimen bajo la hipótesis de femicidio. Preservación de prueba y pericias: Levantamiento estricto de evidencias biológicas, peritajes odorológicos, forenses y análisis de historial de violencia previa (denuncias anteriores, violencia psicológica o digital).

Sobre la perspectiva de género en el juzgamiento: Los jueces y fiscales deben analizar el contexto socio-cultural, las relaciones desequilibradas de poder y evitar estereotipos que descalifiquen a la víctima. Y la protección Integral  a las presuntas víctimas: comprende restricciones al acercamiento, exclusión del hogar,  quita de la patria potestad.

Desafíos de la Justicia y negacionismo

Se advierte que, a pesar de los avances y creaciones normativas de organismos, el abordaje enfrenta trabas que son reiteradas: Además de los abusos de las víctimas, existen casos de revictimización que erosionan la intimidad y dividen al núcleo familiar. El problema juridico se transforma en complejo y dilatorio.

Cuando el Estado está presente, además, no lo está de la mejor manera. La policía, generalmente no especializada, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer. Y la Justicia, que resulta lenta por sus procedimientos y complicaciones. Esto genera, a la postre, un clima de miedo e inseguridad.

Está el caso del presidente Javier Milei (La Libertad Avanza) en el “Foro Económico Mundial de Davos”. Es crítico de la figura legal del femicidio: “El feminismo radical es una distorsión del concepto de igualdad. Llegamos al punto de normalizar que en muchos países, supuestamente civilizados, si uno mata a la mujer se llama femicidio, y eso conlleva una pena más grave que si uno mata a un hombre solo por el sexo de la víctima. Legalizando, de hecho, que la vida de una mujer vale más que la de un hombre” (sic).

Sin embargo, explica un informe de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), que depende del Ministerio Público Fiscal de Nación, “Los actos femicidas están arraigados en un sistema que refuerza la discriminación y el desprecio contra las mujeres y sus vidas. A su vez, reproducen los estereotipos de la masculinidad asociada a la fortaleza física y al poder para controlar las vidas y los cuerpos de las mujeres, para, en última instancia, preservar los órdenes sociales de inferioridad y opresión”.

Femicidio-opresión

Para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen. Feminicidio es una palabra potente. También puede pensarse como una palabra antisistémica, que denuncia los diferentes ensamblajes de la opresión.

Esto, si dejamos de pensar solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas. Y la comprendemos como capaz de describir diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, Hay que sembrar que todo femicidio es presuntamente evitable.

A once años del primer Ni Una Menos, se registraron más de 3.000 casos (Mumalá). Entre las estadísticas se destaca que wl 40% de las víctimas eran madres (agencia EFE). Además de la línea 144, las personas que se encuentran en una emergencia pueden conectarse al 911 o acercarse a algún hospital o centro sanitario.

En la región

También es posible denunciar en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) o  en la  Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM). En nuestra región, además de las secretarías municipales de la Mujer y diversidades, o articuladas con estas, ante emergencias de género se puede llamar al 11 6782-8968, en San Fernando. Al 1531638969 en San Isidro. Asimismo, al 5491127716463 en Tigre: En San Martín el 147 (dentro de ese distrito) funciona las 24 horas. Y Vicente López tiene el 1138270304.

Abogado. Exjuez del fuero laboral

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