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Las lágrimas de un talento

Festejos por el partido Egipto-Argentina en Martínez (foto ilustrativa)

Festejos por el partido Egipto-Argentina en Martínez (foto ilustrativa)

Por Juan José Prado*

El profesionalismo, entendido como el talento, la habilidad técnica y la eficacia para hacer goles, conforma un perfil especial en un futbolista, frente al hincha, a la hinchada y esto se extiende a la opinión pública.  Aunque forma parte de un equipo se transforma en la ilusión de su cuadro, en la esperanza para el buen resultado de un campeonato. Es el líder.

Y si ese profesional llega a la selección nacional de fútbol el imaginario social lo convierte en el depositario de sus propias aspiraciones. Los logros del campeón –del talentoso y del equipo que lidera- son de todo el país. La sociedad hace propias sus conquistas; y sus logros se convierten en alegría y pasión colectiva, que trasciende el deporte.  

En el partido que ascendió a la Argentina a los cuartos de final en el mundial 2026 el líder del seleccionado argentino se dejó llevar por la pasión después de un partido infartante y lloró. Lloró el niño que anida en su alma deportiva. Lionel Messi lloró y esa pasión se viralizó desde Giorgia (EEUU), hasta el barrio más recóndito de nuestra zona norte.

Alegría consciente

Esa pasión se transformó en emotividad colectiva sin límites. La alegría de ese llanto se extendió más allá de la experiencia deportiva individual desde la infancia, de Messi; de sus luchas y sacrificios personales, de los oropeles y reconocimientos logrados. Ya no es su alegría, es la de los argentinos en su conjunto, que tanto la necesitan es esta actualidad.  

Porque convengamos en que la alegría que aporta el seleccionado de fútbol no tapa la cruel realidad que nos toca vivir por la marcha de la patria hacia el abismo. No tapa un buen resultado en el fútbol la indiferencia, los egos y la desidia de quienes tomaron los destinos del país para beneficiarse y beneficiar a sus mandantes, en detrimento del propio país.

En definitiva, la alegría que nos traen Messi y la selección es consciente. Y las lágrimas de Messi significan el tránsito que recorre una inmensa presión social que se libera. El desafío de esa expresión que se desprende del llanto de Messi y conforma identidad nacional, es que nos sirva para librarnos de las opresiones, más allá del deporte.

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.

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