Mons. García Cuerva exhortó a escucharnos como sociedad; y evitar caminos peligrosos como los de “la intolerancia”, “los enfrentamientos constantes” y “el camino de la crueldad hacia los más débiles (…)”. Utilizó la parábola cristiana del buen samaritano, sobre un hombre que socorre a alguien, en un camino peligroso, sin otro interés que ayudarlo. Lo predicó durante el tedeum por el Día de la Independencia. Participaron el actual presidente, Javier Milei, y sus funcionarios
En el tedeum por el 9 de Julio el arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge García Cuerva utilizó la parábola cristiana del buen samaritano para exhortar a evitar caminos peligrosos como los de “la intolerancia”, “los enfrentamientos constantes”, “la descalificación del otro por pensar o ser distinto” y “el camino de la crueldad hacia los más débiles (…)”.
Durante la ceremonia –donde participan el presidente de la Nación, sus ministros y funcionarios principales- en la Catedral Metropolita, hoy jueves antes, de mediodía, el padre Jorge advirtió, al inicio, que el mensaje era para toda la sociedad en su conjunto. Y que, si se tomaban fuera de contexto sus dichos, podían alimentar la fragmentación social.
En términos generales, no obstante, la exhortación a cuidar a los débiles; a no ser indiferentes ante los que sufren –jubilados, personas con discapacidad, vulnerados, otros-, a evitar las abstracciones, y ver a los otros como personas, que es lo que son, sin duda interpeló a los miembros de un gobierno que no suelen tener esas prácticas.
El buen samaritano
La parábola muestra como durante un camino peligroso, de Jerusalén a Jericó, un samaritano –persona oriunda de una región de Palestina, mal visto en general- ayuda a un herido tirado al costado de un sendero –seguramente víctima de asaltantes-, cuando antes otros que pasaban, lo ignoraron por miedo o porque no ganaban nada al ayudarlo.
“La parábola del buen samaritano –señaló el padre Jorge– es un ícono capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta Patria que amamos y nos duele a la vez. Ante el dolor, ante tantas heridas, la única salida es ser como el buen samaritano”. Para el arzobispo otras opciones le caben solo al asaltante o al indiferente.
“A veces –explicó Mons. G. Cuerva, asimismo- como sociedad argentina también recorremos caminos peligrosos. No por cuestiones geográficas. Sino porque no nos llevan a ningún buen lugar, o nos meten en laberintos sin salida”. Y los enumeró como se cita más arriba(intolerancia, enfrentamientos, descalificación, crueldad hacia los más débiles).
El padre Jorge consideró que, en esos “caminos peligrosos” que también recorremos como sociedad hay salteadores “(…) en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres”, y ellos más ricos. Y sostuvo que eso no es una cuestión partidaria, “o de gobierno de turno”; sino que “es cuestión de ser o no ser honesto y trasparente (…)”.
Sostuvo que esos “asaltantes” roban “sueños a los jóvenes, (…) posibilidades de progreso a las familias trabajadoras, (…) dignidad a los más frágiles”. También se apropian “de esperanzas y esfuerzos de un pueblo que, a pesar de todo, quiere vivir mejor (…) ajeno a las discusiones eternas y alejadas de la realidad, que, en su nombre, tienen los dirigentes”.

Este 9 de Julio
“En este 9 de julio –exhortó el arzobispo- pidamos juntos a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren: Los heridos del camino de la vida, los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados, las personas con discapacidad”
Y sobre ellos afirmó: “queremos hacer presentes en este Tedeum sus vidas, rostros, historias concretas; no cifras o diagnósticos, sino sus nombres, y sin pedirles “antecedentes de pobre”, como preguntándoles desde cuándo están viviendo esa difícil situación. Ya todos sabemos, con sinceridad, que esta realidad no es nueva y duele hace años”.
“El samaritano –explicó Mons. García Cuerva entonces- vio al hombre herido, y se conmovió. Detenerse, conmoverse, abajarse, llorar ante el dolor de otros. Quien se deja llevar por esta dinámica de compasión y de misericordia, comienza a vivir de un modo diverso, a ser ciudadano de un modo diverso, a trabajar de un modo diverso”.
Y citó al Papa León XIII: “Se dará una relación entre personas, con sus cuerpos y su interioridad, con sus historias y sus sueños; y como dice el Papa León XIV, aún en tiempos de inteligencia artificial, un algoritmo nunca podrá sustituir un gesto de cercanía o una palabra de consuelo”. Luego volvió a la parábola del samaritano.
García Cuerva explicó que para que un posadero cuide al desconocido, el samaritano le paga un adelanto y le dice “Cuídalo y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. El padre Jorge, con claridad, observó, entonces: “Lo que gastes de más no siempre es sinónimo de derroche o de despilfarro; a veces es invertir en los más débiles (…)”.
Las heridas sociales
Y dio un ejemplo sobre un sector que el gobierno nacional desprotege: “(…) cuando vemos que algunos centros de discapacidad tienen muchos trabajadores en proporción a las personas que atienden. A priori se puede pensar que es un despropósito; pero luego, conociendo bien la dinámica de la institución, descubrimos que es una inversión”.
Porque es justo que “profesionales y asistentes entregados y comprometidos, acompañen y estimulen a cada uno de los beneficiarios”. Y citó: “en la encíclica Magnifica Humanitas, el Papa León XIV dice que la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permite a todos, y en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás”.
Sin duda es una visión que debiera esclarecer a un gobierno que busca a rajatabla el “déficit 0”. En cuanto a la homilía, hacia el final el padre Jorge exhortó: “Hermanos, la Patria nos pide hoy un gran examen de conciencia colectivo. No miremos al costado buscando culpables eternos”. Y propuso a los argentinos preguntarse en qué lugar están del camino.
“Preguntémonos todos los argentinos –exhortó entonces- ¿Estoy actuando como los que pasan de largo o estoy dispuesto a ser la posada que reciba y sane a los heridos? Las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y honestidad innegociable”. Y para el final recordó un posteo de Leonel Messi en redes sociales.
“Demostramos una vez más que –recordó el arzobispo, que escribió Messi- los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades. Es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos (…)”.











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