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Los argentinos y el Mundial de fútbol

Los festejos por la selección argentina en la zona norte (foto ilustrativa)

Los festejos por la selección argentina en la zona norte (foto ilustrativa)

Por Víctor Bruzzoni*
Redactor especial

Un periodista le pregunta al entrenador de la selección argentina qué representa el partido Argentina-Inglaterra desde lo emocional. Lionel Scaloni, santafecino, ex jugador y actual entrenador de la selección argentina, contesta, serio: “Es un partido de fútbol eh. El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa” Luego toma un sorbo de agua.

Sin embargo, la Copa del mundo del fútbol va más allá de lo deportivo, de los colores de un país en el universo, aunque sea ese su objetivo. Durante el torneo, la rutina diaria y el ritmo social, se alteran. Se trata de un fenómeno catalizador de emociones colectivas inigualable. Suceden los fenómenos más extraordinarios, hasta llegan a morir personas.

El fútbol, es el desahogo de los tiempos difíciles. En la Argentina el mundial es uno de los fenómenos culturales más importantes de todos los sectores. Jugadores, hinchadas, cánticos y rituales de aguante, se identifican. Aparece la necesidad de apalancar figuras legendarias, comparables a los próceres de la fundación nacional para sentirse ganadores, verlos victoriosos, patrióticos, apasionados.

“Somos los mejores y podemos ganar”,
se repite el inconsciente colectivo

“Somos los mejores y podemos ganar”, se repite el inconsciente colectivo. Por el lapso de duración del torneo, el fútbol opera como un anestésico, que genera y construye una sola identidad nacional. La “juntada” para ver los partidos significa pertenecer, compartir, sentirnos parte de algo, dejar atrás la frustración de las divisiones, de la lucha cotidiana.

Sin embargo, es una alegría breve que pasa pronto. Una narrativa común convoca a las clases sociales, edades e identidades de género. Con una intensidad tal que reordena la vida diaria. Esperanza y celebración colectiva funcionan como elemento de cohesión social, donde por un tiempo, las diferencias parecen disolverse ante la camiseta celeste y blanca.

El fútbol entonces es mucho más que un partido, un torneo, una competencia entre países. Es una expresión cultural que condensa identidad, historia y deseo de pertenencia. un lenguaje compartido por millones de personas en todo el mundo que trasciende fronteras, idiomas y tradiciones.

¿Será que, en cada jugada, y cada celebración, se esconde una forma de entender la vida, una manera de ser y de sentir? ¿Será que, cuando se observa jugar a un equipo, se puede espejar la cultura de su país o su forma de superar sus problemas? Como dijera el otrora entrenador, César Luis Menotti: “El fútbol permite ganar y alegrar los domingos a alguien que durante los otros días de la semana pierde frente a la rutina diaria”.

Abogado. Exjuez del fuero laboral

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