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¿Mamá por qué tarda tanto tu bizcochuelo? ¡En TikTok se hace mucho más rápido!

Foto ilustrativa (Portal salud)

Por Débora Blanca*

Nunca fue fácil ser padres, nunca. Creo que la dificultad mayor remite a que no existe un Manual de Instrucciones, como sí lo hay para armar unas estanterías, por ejemplo. No hay manual, se es padre o madre con los recursos que se tiene, fundamentalmente esos que vienen de la historia familiar, del amor y del desamor, de las presencias y las ausencias, de los traumas y las repeticiones, así como de la decisión de diferenciarnos de nuestros propios padres y, entonces, intentar un destino distinto.

Creo que la desorientación que manifiestan los padres hoy responde, entre otras cosas, a los fuertes cambios de paradigmas sufridos desde las últimas décadas del siglo XX. Y sobre estos tremendos y vertiginosos cambios, las tecnologías actuales ¿Cómo vivenciamos la dimensión temporal? ¿Sigue existiendo pasado-presente-futuro? ¿O es todo YA? Que no es lo mismo que presente, que vivir en el presente.

 ¿Cómo hacemos para volver a creer y, sobre todo, para transmitirles a los chicos, que no se puede estar en dos lugares a la vez, al menos con una presencia humana? Porque si estoy en mi casa «me pierdo» de estar en el shopping. Si estoy en el cine «me pierdo» de saber qué está pasando en Francia. Si estoy en la escuela «me pierdo» de estar en el club. O si estoy sentada jugando con mi hijo «me pierdo» de ir a entrenar.

Ser humano tiene como condición la dimensión de la pérdida. Siempre fue así. Sucede que el siglo XXI “nos permite” (y habrá que ver cuán virtuoso resulta) estar en muchos lugares a la vez. Por lo que podemos quedar confundidos y creer que la buena vida es no perder nunca. Pero, ¿qué tiene que ver la pérdida, con el bizcochuelo del título? Bueno, es que los chicos están dando claras muestras de lo insoportable que les resulta esperar.

“(…) el riesgo de poner la vida a velocidad dos es
que todo nos quede crudo”

Hablo de esperar un ratito para llegar a un lugar, para tomar agua, para entender un tema del cole, para aprender a andar en bici o atarse los cordones. Se enojan, gritan, lloran, revolean algo, se desesperan. No aceptan las esperas porque el mundo actual se los impide. Las rechaza. Las disfraza. Y las pone en velocidad dos.

Entonces, si los chicos ven en un vídeo que el bizcochuelo se hizo en un segundo ¿Por qué el que está haciendo la mamá tarda tanto? «¡Ya tendría que estar hecho, má!» gritan una y otra y otra vez. Es que el riesgo de poner la vida a velocidad dos es que todo nos quede crudo: la comida, los vínculos, los conocimientos. No olvidemos que el bizcochuelo de TikTok no tiene el aroma de ese que se está haciendo despacito en el horno.

No olvidemos que las aplicaciones de citas no tienen el aroma del amor de verdad, ese que va creciendo a fuego lento. Tampoco olvidemos que los duelos llevan tiempo, y que llorar a moco tendido es parte de la escena. Porque si no nos damos tiempo corremos el riesgo de que la pérdida nos quede cruda, y no podremos dar vuelta la página para seguir viviendo.

Tenemos que recuperar un tiempo con aroma a café. Un tiempo que mire por la ventana, que no se cancele por lluvia. Un tiempo con sabor a melón rocío de miel. Porque tenemos que volver a acariciar al tiempo y decirle que no le tenga miedo a perderse. Muchas, muchísimas veces, los hallazgos están disfrazado de pérdidas. Y de bizcochuelos caseritos.

*Lic. Débora Blanca. Directora de Lazos en Juego. Ig deborablancalj. YouTube Débora Blanca

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