La estrategia del pájaro, se llama la obra de Juan Carlos Tito Dall`Oquio que interpreta el actor y teatrista, Juan Merello (90), bajo la dirección de Agustín Kazah. El Club Cultural Buen Día Día, de Villa Adelina, la llevó a escena el sábado último. Con sus nueve décadas –y setenta al menos, de oficio- Merello demuestra que hay talentos que no se mellan con el paso del tiempo. En 2024, el artista obtuvo el premio “Mejor Interpretación” en la Fiesta Regional del Teatro Independiente. A dos años del galardón su eficacia en el escenario se mantiene intacta.

La primera escena de, La estrategia del pájaro, el unipersonal que el actor Juan Merello lleva escena con sus 90 años, puede funcionar como metáfora de su vida. El personaje de Merello surge del piso del escenario. Mientras el público entra estaba mimetizado en el suelo y al inicio surge de allí como si el escenario fuera el seno que lo concibe.
Por llevar a escena la obra de Tito Dall`Oquio, Merello recibió el premio “Mejor Interpretación” en la Fiesta Regional del Teatro Independiente 2024, cuando el estreno. El sábado último en el flamante, Club Cultural Buen Día Día, de Villa Adelina, volvió a interpretar la obra en un contexto muy especial y emotivo para él, además.

Pues a la sala donde actuó, luego de su función, se la bautizó con el nombre de, Jorge López Vidal; un gran colega, amigo y compañero de ruta de Merello en el teatro popular. López Vidal se “fue de gira” en 2017, y en esta noche de teatro del sábado último lo recordaron y homenajearon exalumnos y colegas que siguen su legado (ir a la nota).
Talento en escena
Respecto a la función de Merello, conmueve ver la potencia de su palabra al entonar los párrafos de una obra visceral, donde lo dirige, Agustín Kazah. Los textos remiten a la naturaleza, los férreos paisajes de las islas y los pájaros, unos de los tantos habitantes que comparten con el isleño, humano, la fiereza del clima, el verde indomable de la vegetación.

Sin duda el papel de Cirillo –de a ratos hombre, de a ratos pájaro, de a ratos paisaje- requería ese carácter férreo que caracteriza el ser isleño en la vida cotidiana. Y la sala también implicó desafíos para el actor, pues por su superficie, en más de una escena Merello actuaba a centímetros de los espectadores sentados en la primera fila.
Vestido claro, descalzo, con el torso descubierto la primera parte de la obra, la edad de Merello se pierde de vista por completo con su voz nítida, sus movimientos precisos, no solo del cuerpo, sino de objetos de la escenografía que el texto de la obra le pide que manipule. El lugar natural de Merello es el escenario, cualquier escenario, sin duda.

“Vamos entregando la vida…” señala en el papel de isleño en una parte casi como si hablara del destino del propio comediante. “La isla no me ha hecho pensante”, dice en otro párrafo. Lejos de la queja, lo dice para valorar el peso de la acción sobre la especulación, de lo concreto sobre la idea sin base. La obra, además, interpela sobre eso que llaman “civilización”.










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