Opinión, Política, Por Juan José Prado, Situación Social

Traición y reforma

La Cámara de Diputados dio paso al proyecto de precarización laboral (Foto ilustrativa)

La Cámara de Diputados dio paso al proyecto de precarización laboral (Foto ilustrativa)

Por Juan José Prado*

La noticia del momento da cuenta de que una nueva legislación laboral se ha votado en el Congreso Nacional. No es para menos. Esa legislación borra ochenta años de derechos obtenidos en una larga lucha social. Donde se destaca la importancia y significación  de dos figuras políticas históricas y representativas de la Argentina argentina.

Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón fundaron dos partidos que con el devenir de los años se convirtieron en históricos; uno centenario el Radicalismo, el otro el Peronismo. Y en el presente los votos de radicales y peronistas, paradójicamente, borraron los derechos del trabajador, estatutos que regulaban la relación contractual laboral; la garantía de una vejez asegurada por una ley de previsión social sustentada por el Estado.

Y el Estado protector ha dejado existir, al menos por esta gestión. Pero volvamos al radicalismo y al peronismo. A radicales y peronistas las urnas los eligieron para que cumplieran un mandato de fidelidad a los principios de sus partidos. Pero esa fidelidad y esa confianza depositada en los partidarios cayó en saco roto, se quebró.

Porque esos partidarios engañaron a sus electores, con lo cual violaron normas implícitas y explícitas que hacen posible la relación entre elegidos y electores. Se produjeron heridas políticas, sociales y emocionales en el cuerpo social. Gobernadores, diputados, senadores quebrantaron ese manifiesto tácito de fidelidad y confianza.

“Entones puede avizorarse una oportunidad de crecimiento
colectivo tras la traición.”

Aparece la ira, la angustia el rencor. Son consecuencias de esa traición también. Y puede acontecer que ese estado de cosas -el vaciamiento de los derechos laborales- obligue a una suerte de revaluación de las relaciones y valoración propia. Entones puede avizorarse una oportunidad de crecimiento colectivo tras la traición.

También se pueden generar dudas y cuestionamientos a la coherencia de ciertos discursos ¿Si el Estado no cumple con las funciones básicas que hacen al bienestar de sus ciudadanos cuál es la razón de ser de ese Estado? ¿Y si lo que se busca es destruirlo, qué sentido tiene transformar un Estado que se quiere destruir?

¿Si se aporta a la construcción de una sociedad útil y beneficiosa para un grupo privilegiado; dónde quedará el resto –el 80% digamos-? ¿Si esos privilegiados imponen sus deseos, a modo de ideas rectoras, a ese 80%, qué rol se espera de estos?  Tal vez ese 80% no merezca vivir en esa sociedad por falta de mérito y a pesar de sus esfuerzos.

O tal vez ese 80% tome consciencia de que, por ejemplo, el Estado debiera haber hecho algo para no permitir los privilegios para ese minúsculo 20%, y no lo hizo. Seguramente, tras lo acontecido en estos años, una síntesis se producirá, y en ella se podrá, de alguna manera, expresar el sentir de la sociedad. Todo esto puede haber generado la traición.  

* Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.

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