Con insultos y con la difusión de gran cantidad de datos que la realidad del país desmiente, el actual presidente, Javier Milei, en lo que puede considerarse un deterioro institucional a 0 o menos, inauguró las sesiones ordinarias del Congreso sin anuncios de interés, ayer domingo. Una senadora nacional aliada se retiró de la sala por el bochorno. La mayoría del periodismo pudo cubrir solamente los exteriores de Congreso –con un operativo de seguridad inusitado pues las calles estaban vacías- y no el discurso.

Si justamente no se destaca por su tacto y buen gusto, el presidente, Javier Milei, extremó ayer domingo a la noche su chabacanería habitual. Lo hizo al dirigirse a la Asamblea Legislativa para inaugurar las sesiones ordinarias. Milei habló pasadas las 21, pero desde temprano hubo en los alrededores del Congreso un gran operativo de seguridad.
Con muy pocos anuncios, Milei no se refirió a cuestiones críticas como el paro nacional docente que tiene lugar hoy en 16 provincias, o la situación adversa que desde hace tiempo advierte el sector de la discapacidad en la Argentina. Milei si se jactó de su alianza con el norteamericano Donald Trump, que acaba de iniciar una escalada armada en medio oriente.
Y no se sonrojó al decir, ya avanzado su discurso, que en su régimen “los niños son una prioridad” cuando unas de sus políticas hacia las niñeces fue bajar la edad de punibilidad de los menores de 16 a 14 años (el proponía a los 13 pero no lo logró). También aclaró, al menos dos veces, que es el presidente “de todos” en la Argentina.
Insultos en vez de propuestas

Con epítetos como “ignorantes”, “kukas”, “mangas de ladrones”, “chorros”, “cavernícolas” el presidente se dirigió a los opositores. Y se molestaba más, cuando le enrostraban las sospechas de su complicidad en la estafa $Libra, o la corrupción en contratos de compra de remedios en el área de Discapacidad, que involucran a la secretaría de la presidencia.
Milei también se jactó de haber terminado con los piquetes (la protesta social) y llevarlos de “9.000 a 0”. Cuando en rigor, la protesta social de reprime; el periodismo que cubre sufre las consecuencias (caso Pablo Grillo, por citar), además. Solo en 2025, según datos públicos, hubo alrededor de 4.000 piquetes, bastante más del 0 presidencial.
Pero eso no fue el único error grosero. En otro momento, al hablar del acuerdo Mercosur Unión Europea, señaló erróneamente (o para mentir, no se sabe) que su gobierno fue el primer país en aprobar el acuerdo. Cuando en rigor, el jueves último el Parlamento uruguayo se convirtió en el primero en aprobar el acuerdo provisorio, antes que la Argentina.
“Primero los datos, poeta, primero los datos. Hemos triplicado el salario en dólares, poeta. Qué fiesta se haría Milton Friedman con estos cavernícolas, por Dios” espetó también Milei a un opositor. En realidad, no se triplicó en dólares el salario, pero ni siquiera es útil ese dato, pues lo que vale es el poder compra y eso no mejoró en esos términos, en su gestión.
Crisis de 2001
La oposición, y no pocos especialistas, han analizado que las políticas de Milei –como lo fueron las similares del menemismo- pueden generar una crisis como las de 2001. Seguramente por eso, el presidente al inicio de su discurso dio a entender que heredó de gobiernos anteriores “indicadores sociales peores a los de 2001”.

Otra irrealidad del mandatario. Informaciones de especialistas y estudios demuestran que tópicos como la desigualdad, el desempleo, la indigencia o la pobreza, mejoraron sin bajar en años posteriores, entre los más cercanos 2023, 2024, solo es cuestión de buscar la información. En sitios como Chequeado, dedicado a verificar discursos e informaciones.
Y llamó “golpistas” a opositores que públicamente dicen que la gestión de Milei puede terminar como la de Fernando De la Rúa en 2001. Sin embargo, no solo opositores a Milei, y opositores entre sí y también de Milei lo dicen. Sin duda, golpes como lo que hubo durante 50 años en la Argentina son mucho más serios que la crítica a un presidente de turno.
Milei también la emprendió contra la “justicia social”, no un mero slogan como lo utiliza él para decir que es un “robo”. Cuando en las ciencias sociales se trata de un concepto clave para observar la calidad de vida de un país. Y en creencias como la cristiana un deber para garantizar que toda la comunidad de un país debe acceder a la vida digna.
Propiedad privada

El Presidente habló por casi dos horas y poco aclaró en concreto sobre lo que hará en estos dos años que le quedan de gobierno. Adhirió a un concepto anacrónico, y seguramente en desuso, como “la moral occidental” (seguramente no se refería a Jeffrey Epstein, tan cercano a su colega Donald Trump). Defendió su alianza con los EEUU.
Incorporó otros conceptos anacrónicos, como la preminencia de la “propiedad privada” como “piedra angular de la economía”. Llamó “prejuicios ambientalistas absurdos” a cuestiones como la defensa del agua ante la minería indiscriminada. Estas y otras cuestiones bajo el ampuloso título” La Moral como Política de Estado”.
“Pero quiero decirles que este intervalo de malaria se ha terminado: la malaria se ha terminado (…)”, leyó el Presidente en otro tramo de su discurso. Quien escribe lo recordó de regreso, cuando una niña de 10 o 12 años, pasadas las 23 largas, vendía caramelos en el subte. Y más tarde, cuando un jubilado vendía pañuelos descartables en el colectivo.










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